Segunda Carta a Corresponsal Chileno
Estimado Sr. Tenorio, dada su importancia personal, aunque modestamente no la reconozca, para el frente jurídico de la actual ofensiva política contra el pueblo mapuche, he de agradecerle que mantenga abierta la vía de comunicación. Es todo un detalle por su parte.
Como no dice nada sobre ello, supongo que le parece bien que el caso recaiga bajo la competencia de la justicia militar que tan parcial además viene mostrándose a favor de los terratenientes. No parece que a usted le interese que instancias de Naciones Unidas hayan instado a Chile en nombre de los derechos humanos a concluir con esa atribución de competencia a la justicia militar de asuntos no militares. Las mismas instancias de las Naciones Unidas han entendido que tanto dicha práctica parajudicial como el mantenimiento en vigor de legislación terrorista de tiempos de la dictadura se produce precisamente para utilizarse contra el pueblo mapuche. Usted es jurista y debiera ser sensible a estas cosas en vez de guardar silencio. Tratándose de derechos humanos, las obligaciones profesionales con su cliente, quien se ha beneficiado indudablemente de todo ello, no le obliga a ese silencio cómplice.
La liquidación de las tierras de su cliente usted la presenta como si fuera poco menos que un acto de generosidad a favor de las comunidades mapuche. Una pregunta: en las circunstancias actuales, ¿podría Jorge Luchsinger haber encontrado un mejor precio de mercado que el desembolsado por la CONADI a costa de los y las contribuyentes? Estamos además refiriéndonos al asunto como si fuera en exclusiva una controversia entre terratenientes y comunidades, cuando la responsabilidad esencial corresponde al Estado, lo que usted también elude. Si el caso de la propiedad pudiera elucidarse judicialmente como el asunto de justicia que es y se demostrase algo tan improbable como la buena fe de origen del título de la parte terrateniente, ésta tendría derecho a una indemnización a cargo también en último término de los y las contribuyentes, pero no resulta lo mismo. Esto supondría el reconocimiento inmediato del título indígena mientras que la compra por la CONADI, aparte de beneficiosa para su cliente, sigue dando por indisputable la legitimidad del título terrateniente de origen tan dañado.
Respecto al sentido de su comparación con España en lo relativo a la violencia, reconozco que es la interpretación auténtica, pero usted es abogado y sabe lo que esto vale entre partes. Comprenderá que me lo tome con escepticismo. Comprendo también que, con la intervención desinformada del Sr. Fernández Lera de por medio, reduzca mis observaciones comparativas a denuestos contra usted. Siento que sea así y, si su sentimiento de haber sido ofendido no es afectado, me disculpo correspondiéndole con la misma sinceridad. El cambio de año será un buen momento para recapacitar. Espero que no cierre la vía de comunicación aunque sólo sea para que pueda corregirme en todo lo que sea preciso.
Con mis mejores deseos, Bartolomé.
Nota: El mensaje del Sr. Tenorio al que esta carta responde se encuentra en la entrada del día 16 de este mes de diciembre.
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Estimado Sr. Clavero
Encantado poder mantener contacto con Ud., sea por este u otro medio, pues creo firmemente en el poder del diálogo franco y respetuoso.
Nuevamente me permito hacerle algunas precisiones. Cuando hablo de la muerte de Matías Catrileo, lo hago pues aquello es efectivamente el único hecho actualmente verificable: su muerte. No existe aún una sentencia definitiva y de término que establezca la existencia de un homicidio o asesinato, y no existe uno o más condenados por determinado delito. Como Ud. muy bien lo sabe, es derecho fundamental de las personas el principio de inocencia, por lo que todo ser humano es inocente hasta que un tribunal, debidamente constituido y tras un debido proceso, diga lo contrario.
Presume Ud. mal cuando asume que a mi me “parece normal” que hayan transcurrido casi dos años de investigación, aún sin resultados. Obviamente aquello no me parece normal. Me gustaría que los procesos judiciales fuesen cuanto más ligeros, trasparentes y menos dispendiosos, más coincidirá conmigo que los problemas de procedimiento no me pueden ser atribuibles.
Seguidamente, Ud. presume nuevamente mal cuando asume que yo soy una suerte de partidario de la justicia militar. Ciertamente soy un opositor. Me encantaría que esos casos fuesen conocidos por tribunales ordinarios, como ocurre con las investgaciones en las cuales se ven involucrados el resto de los ciudadanos.
La venta de los predios de don Jorge no la presento como un acto de generosidad. La presento como el resultado de un acto de extorsión. Es el resultado inevitable de años de ataques contra de su persona, familia y propiedades. Seguramente a Ud. no le gustaría que una noche irrumpieran en su casa 12 encapuchados, lo sacaran a patadas a Ud. y familia de la misma, y luego procedieran a pretenderle fuego a todo cuanto tuviesen por delante. Los derechos humanos son transversales Profesor Clavero y todas las personas somos sujetos activos de los mismos. Aquí los juicios de popularidad importan muy poco. Como dijo alguien por ahi, hasta los más enconados dictadores tienen derechos humanos. Esa es la razón por la cual repudiamos los juicios de Nüremberg, pese a lo que nos indique el corazón y el sentido de justicia material.
En cuanto al precio pagado por los predios, créame que es poco comparado con el profundo daño y dolor causado. ¿De quién es la culpa?. Probablemente éste sea el punto donde más coincido con Ud. El único gran responsable de todos estos hechos es el Estado de Chile. ¿Sabía Ud. que a los antepasados de don Jorge el Estado chileno los contrató en carácter de colonos (hace mucho más de 100 años), mediante convenios celebrados con plenipotenciarios en Suiza?. ¿Porqué entonces se le atribuye a los particulares la responsabilidad de estos hechos?. ¿No le parece que si se tratase de una compra entre privados, ese sería un típico caso que daría mérito a ejercer acciones relacionadas con la obligación de responder por evicción?.
Sr.Clavero, no soy irreflexivo, imprudente, obsecado u obtuso, como podría Ud. entender o pretender. Sí soy un ferviente defensor de lo que creo justo. Y creo precisamente en el diálogo franco y armonioso como mecanismo de resolución de conflictos. No me gustan las vías de hecho, ni las autotutelas. No creo que el fin justifique todos los medios. Procuro empatizar con todos los intervinientes en este tipo de materias.
Finalmente, le ruego podamos mantener un diálogo honesto y respetuoso, sin adjetivos denostativos ni prosaicos. Sin lugar a dudas, no sólo yo, sino que mi familia se lo agradecerá. Todo el mundo tiene derecho a defensa, razón por la cual ejerzo libremente la profesión. En mi vida he procurado actuar siempre con mucha trasparencia y probidad, evitando lesionar a las demás personas. Creo que el principal mérito de los ordenamientos jurídicos es brindar seguridad jurídica a los cuidadanos. Obviamente me equivoco de manera reiterada, pues soy antes que todo un ser humano. Puedo disentar con Ud., más no por ello habré de perderle el respeto.
Muy cordialmente, se despide
Carlos Tenorio F.