Carta Pública a Dos Corresponsales

Estimado Arquímedes, su mensaje me ha hecho reflexionar sobre los límites del derecho de defensa. Estimado Carlos, el suyo me hace pensar sobre los alcances de ésta y otras libertades. En principio, por supuesto, un abogado tiene derecho a serlo de empresas y a dedicarse a defender a sus clientes en juicio y fuera de juicio. ¿En qué momento y por qué razones eso deja de ser así? Me permito para empezar una comparación.

Carta Pública a dos Corresponsales

Estimado Arquímedes, su mensaje me ha hecho reflexionar sobre los límites del derecho de defensa. Estimado Carlos, el suyo me hace pensar sobre los alcances de ésta y otras libertades. En principio, por supuesto, un abogado tiene derecho a serlo de empresas y a dedicarse a defender a sus clientes en juicio y fuera de juicio. ¿En qué momento y por qué razones eso deja de ser así? Me permito para empezar una comparación.

Pongámonos en la Alemania anterior a la guerra mundial y pensemos en un abogado dedicado a la defensa de nazis y no accesible ni a judíos ni a comunistas ni a homosexuales, etc. ¿Sus razones? Las de poner la justicia al servicio de la ideología y de la política racistas nazis. ¿Sus excusas? Que los comunistas son unos incendiarios, los judíos unos ventajistas y los homosexuales unos invertidos, por lo que lo suyo es defender la sociedad frente a la violencia, la explotación y la perversión. Añadamos que ese abogado se presenta, como experto o como interesado, en foros internacionales sobre religión judía, movimiento comunista o terapia e higiene sexual para informarse y capacitarse. No hace falta que concrete la comparación.

Si alguien dice que la comparación resulta desproporcionada es que no conoce el caso mapuche o que no ejerce de buena fe su libertad de expresión. Siento decirle esto, Carlos. La asimilación de Chile a España para asimilar implícitamente el caso mapuche no al caso vasco, sino al del terrorismo etarra que es otra cosa, constituye un argumento de profunda mala fe. También en Argentina se está utilizando este argumento insidioso contra el pueblo mapuce. ¿Cómo puede usted dejarlo caer con esa tranquilidad, como dirigiéndome un guiño de complicidad? No hay en Wallmapu nada comparable a la organización terrorista ETA, una organización que mata y se arroga el derecho a matar, ni nada que se le parezca ni por asomo. No se ha producido en el País Vasco en ningún momento ni histórico ni reciente un expolio masivo de tierras y territorio como en Wallmapu. En España existen autonomías con parlamento y gobierno propios del País Vasco, lo que Chile niega tajantemente a Wallmapu. La autonomía no se extiende a la justicia, pero la justicia en el País Vasco responde a garantías sin discriminaciones ni exclusiones, garantías que no se dan ni de lejos en la justicia chilena respecto a personas y comunidades mapuche. Y en Wallmapu se ejerce cotidiana e impunemente una violencia, con víctimas incluidas, no precisamente en la dirección que usted pretende. Es el pueblo mapuche el que la sufre.

Le pongo frente a sus propias palabras, Carlos: “A lo que sí me opongo tenazmente, es al uso de la violencia como método de reivindicación”. Exactamente, si es como método a otros efectos, ya se ve que no se opone o que ni siquiera se lo plantea. Por lo demás, sus argumentos sobre el Convenio 169, aparentemente a su favor, repiten lo que ya dijo contra el mismo, sólo que con mejores palabras. Con posiciones tan elusivas, ¿cómo vamos a departir? Aprovecharse de la posición de dominio apelando al diálogo sin dar base para el mismo es una táctica manida que sólo engaña, además de a uno mismo, a gente cómplice o a la compaciente. Desconcierto puede producirse desde luego. Reconozco que a veces estas tácticas funcionan en el ámbito internacional y no siempre por complicidad. Puede entenderse la prepotencia de sus argumentos, pues operan como armas que producen víctimas y no evidencias. No hace falta que quien alega una coartada se la crea para que la alegación tenga fuerza. Y las palabras pueden ser no sólo instrumentos de comunicación, sino también de cobertura. Siento constatar que ustedes no buscan comunicarse, sino cubrirse.

Pongo otra comparación. En Madrid, en 1933, en tiempos de república, se celebró una importante reunión internacional, promovida por la Liga de Naciones, sobre derecho penal. Importante fue, entre otras razones, por tratarse de la primera ocasión en que se consideró, aun sin éxito, la tipificación como delito internacional de lo que luego se llamaría genocidio. Pues bien, a esa reunión asistió, en su condición de experto, no en la de político, el Ministro de Justicia de Mussolini, el penalista Alfredo Rocco. ¿Su agenda? Convertir el derecho penal internacional en instrumento de persecución de todos aquellos a quienes el fascismo consideraba enemigos de la sociedad, como anarquistas, comunistas… o también simples demócratas. Lo expuso en Madrid con exquisitez jurídica, sin mención por supuesto ni de fascismo ni de democracia, recibiendo su propuesta en aquel foro internacional más atención que la de penalización del genocidio. Si el Eje de los fascismos hubiera ganado la guerra, hoy habría por Europa muchos abogados del estilo de Rocco. En América Latina, no sólo en Chile, los hay e incluso abundan. Aquí la victoria es del colonialismo. Tampoco hace falta que concrete más la comparación.

Estimado Arquímedes, gracias por ser tan sumariamente franco. Estimado Carlos, gracias por ser tan opacamente transparente.

Nota: Los mensajes a los que esta carta responde se encuentran en los comentarios de las entradas de los días 16 y 20 de este mes de diciembre.

Compartir este artículo:
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Technorati
  • TwitThis
  • Wikio
  • Meneame
  • Netvibes
  • Turn this article into a PDF!
  • E-mail this story to a friend!
Chile, Correspondencia, Genocidio Etiquetas:

Puedes Comentar este artículo o subscribir por RSS.

Comentarios

3 Comentarios a “Carta Pública a Dos Corresponsales”

Enviar un comentario

(requerido)

(requerido)