Ricardo Álvarez, Autor Putativo del Informe sobre Bagua
Ricardo Álvarez Lobo es una persona con experiencia entre comunidades indígenas de la Amazonía en su calidad de misionero católico dominico. Actualmente dirige una residencia de estudiantes indígenas en Lima. La Memoria del año 2008 del Secretariado de Misiones Selvas Amazónicas de la Orden de Predicadores, la orden dominica, llama a los estudiantes “sus hijos”, hijos de Ricardo Álvarez y de otros misioneros en sentido por supuesto figurado, lo que es peor pues implica que racista. Este religioso católico es miembro de la Comisión de Investigación sobre los Sucesos de Bagua y además reputado como autor de la parte sustancial del borrador del informe que se ha filtrado, la parte de carga racista. Mas Ricardo Álvarez no siempre ha pensado ni escrito lo mismo. Fue en tiempos defensor de los derechos humanos de las comunidades indígenas.
Ricardo Álvarez, Autor Putativo del Informe sobre Bagua
Bartolomé Clavero
Miembro del Foro Permanente de Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas
Ricardo Álvarez Lobo es una persona con experiencia entre comunidades indígenas de la Amazonía en su calidad de misionero católico dominico. Actualmente dirige una residencia de estudiantes indígenas en Lima. La Memoria del año 2008 del Secretariado de Misiones Selvas Amazónicas de la Orden de Predicadores, la orden dominica, llama a los estudiantes “sus hijos”, hijos de Ricardo Álvarez y de otros misioneros en sentido por supuesto figurado, lo que es peor pues implica que racista. Este religioso católico es miembro de la Comisión de Investigación sobre los Sucesos de Bagua y además reputado como autor de la parte sustancial del borrador del informe que se ha filtrado, la parte de carga racista. Mas Ricardo Álvarez no siempre ha pensado ni escrito lo mismo. Fue en tiempos defensor de los derechos humanos de las comunidades indígenas.
Corría el año 1984 cuando Ricardo Álvarez publicó en San Esteban, editorial dominica española, el libro TSLA. Estudio etno-histórico del Urubamba y Alto Ucayali. El autor había convivido por más de tres décadas con las comunidades sobre las que escribía. Su introducción en el libro arremetía contra “la política desarrollista” que entrega la Amazonía a una “población codiciosa” y “a los grandes capitales nacionales y extranjeros” abriendo de par en par la región a “la colonización” sin dejar “participar también a las sociedades nativas que desde tiempo inmemorial han trabajado conservando y haciendo posible la reproducción de la tierra y de los recursos naturales que hoy les son arrebatados”. La introducción proseguía exponiendo y repudiando la legislación y las políticas peruanas impulsoras de ese proceso. Y manifestaba su favor por la resistencia indígena en defensa de “los derechos adquiridos por habitar desde tiempo inmemorial en un territorio”, derechos que, añadía, van más allá del mero dominio sobre las tierras de las que se despoja a las comunidades puesto que se les afecta incluso en “sus propios valores”.
Según seguía explicando la introducción de Ricardo Álvarez a su TSLA, los valores indígenas encierran un potencial operativo frente a la nueva situación colonizadora: “Son las condiciones económicas que se producen en la Selva las que está haciendo posible el que las comunidades nativas reacciones, tanto por la marginación de que son objeto cuanto por la oportunidad que se les brinda de ofrecerse como alternativa al desarrollo, frente a la incapacidad del sistema colonizador de seguir en su empeño de controlar y liderar los movimientos progresistas. Son, pues, las contradicciones en que incurre el sistema colonizador las que crean las condiciones óptimas para que las comunidades nativas se manifiesten como alternativa al desarrollo, y el problema agrario es una ficción que dicho sistema crea para evitar el que las comunidades indígenas recuperen su hegemonía”. El problema no es sólo el de la tierra.
Ricardo Álvarez agregaba que las comunidades amazónicas, así extrañadas de la política de colonización en todas sus dimensiones, de cara inclusive a sus agentes institucionales y partidistas, “han buscado apoyo frente a la injusticia y la marginación en las misiones cristianas y en organismos humanistas”, presentando con esto a su propia misión, “la misión católica de Sepahua”, como “un símbolo de la afirmación de la identidad personal y comunitaria” indígena. Pero valora también Álvarez la iniciativa y capacidad de las mismas comunidades para su propia organización: “No olvidemos que en la historia de la Selva los Nativos han formado sus federaciones”, federaciones que ahora pueden reforzarse con dichos apoyos “misioneros” y “humanistas”. Éstos últimos, los foráneos, no son los factores esenciales: “La dialéctica entre colonización que invade, margina y trata de destruir todo cuanto signifique indigenismo, y las sociedades nativas que reaccionan haciendo valer su cultura y organización, ha sido una trayectoria constante en la Selva”.
Ricardo Álvarez ha publicado posteriormente, durante los años noventa y entrando en el nuevo siglo, una serie de libros bajo el título conjunto de Sepahua, el nombre de su misión, cuyo primer volumen se subtitula Motivos para crear una misión católica en el Bajo Urubamba y el undécimo y de momento último La misión se encarga en momentos ampliamente cambiables. Ya no se trata tanto de intentar hacer una etno-historia de las comunidades de misión como de hacer propaganda de la misión misma. Se responde ya a otro enfoque como puede apreciarse por los mismos títulos. Lo propio ocurre naturalmente con sus escritos en la revista Misiones Dominicas y en el boletín Misioneros Dominicos. Sin embargo, no se entienda por esto que Ricardo Álvarez se concentra en una labor que quepa entender como religiosa. Se ocupa de las comunidades en su integridad, igual que en los tiempos de TLSA, sólo que con un pronunciado giro de sus preocupaciones y posiciones personales.
En el número 160, el último del año 2006, de Misioneros Dominicos, el Boletín Informativo del Vicariato Regional de Santa Rosa de Lima, Ricardo Álvarez publica unas páginas que titula Recorriendo caminos. Son los caminos del Bajo Urubamba, pues pretende retornar a comunidades con las que convivió durante tantos años. No lo hace físicamente, sino de forma virtual a través de internet y de la bibliografía. Y lo que encuentra le decepciona y encrespa. El espacio de la mediación ya no está presidido por las misiones religiosas. Ahora, “las Federaciones indígenas coinciden en considerar a las misiones y a los misioneros como instituciones y personas que han causado, en el pasado y siguen causando en el presente, graves perjuicios a los indígenas nativos: Etnocidios, genocidios, enfermedades, ignorancia, divisiones, conflictos, etc,”. Por su parte, las ONGs “no los reconocen (a misiones y misioneros) como instituciones que garanticen una buena condición de vida para los nativos y sean una garantía para su desarrollo sostenible”. Con todo esto desaparece de la visión del misionero Álvarez cualquier consideración positiva tanto de las federaciones indígenas como de los que antes llamaba organismos humanistas.
Y su propia perspectiva respecto a la dialéctica entre colonización y comunitarismo cambia dramáticamente. Arremete ahora contra “los antropólogos románticos que reivindican para ellos (los indígenas) el respeto a sus culturas ancestrales, enfrentándose a las compañías mineras, las cuales supuestamente destruyen sus culturas”. Según Álvarez nos asegura, diga lo que diga la antropología o la etno-historia, dichas compañías emprenden ahora abundantes y continuas “actividades dentro del ámbito indígena que favorecen tanto a las mismas compañías como a los indígenas”, con lo cual, pretende Álvarez, cuentan con el apoyo de las comunidades y federaciones, aun con la preocupación de añadir que de las “legales”. Sólo un punto negativo se desliza todavía, el de que así se abunda en el desplazamiento de las misiones para la mediación con indígenas: “La zona indígena del Bajo Urubamba va poco a poco dependiendo de las compañías petroleras, de las ONGs y de los grupos llamados de interés, pero no consideran a las misiones como grupos de interés”.
La marginación de las misiones, según Álvarez, perjudica radicalmente a las comunidades: “Se pasan por alto los cincuenta años de las misiones, de los más de seis mil indígenas que han estudiado en sus colegios. Se pretende empezar de nuevo. Esto tiene un precio: Peligra la identidad indígena”. Este es el único extremo que parece conectar con su posición de veinte años antes. Recuérdese que su misión de tiempo atrás, Sepahua, es para él “un símbolo de la afirmación de la identidad personal y comunitaria” indígena. Emerge ahora a la luz un hilo de continuidad más difícil de percibir en TSLA, el libro de 1984. Lo trasluce la Memoria del año 2008 del Secretariado de Misiones Selvas Amazónicas cuando califica a los indígenas como “hijos” de los misioneros. El misionero Ricardo Álvarez se considera padre en este sentido de arrogarse la tutela paternal de los indígenas, sus hijos e hijas. Lo es ahora frustrado, porque ya no les aprecia, como les apreciaba antes, ni a ellos ni a sus comunidades ni a sus federaciones ni a sus culturas ni a sus valores. Ahí, en esa presunta paternidad degradatoria de la humanidad indígena, están las raíces del propio racismo, de un racismo que no es de ahora.
Todo esto es lo que debió valorar el Gobierno para elegir a Ricardo Álvarez Lobo como miembro de la Comisión de Investigación sobre los Sucesos de Bagua. El grueso del borrador que se ha filtrado es indudablemente suyo. Responde a su estilo. A veces incluso se autocopia. Y acentúa lo peor de su Recorriendo caminos y no sé si de algún otro escrito suyo de los últimos tiempos. La desconsideración de las comunidades y las federaciones indígenas no puede ser ya más completa. El racismo se manifiesta ahora, con el borrador del informe, en la forma más virulenta. Con el escándalo provocado, a Ricardo Álvarez ha de reconocérsele el triste mérito de haber hecho naufragar la Comisión sobre Bagua.
Hay unas responsabilidades que no son sólo suyas por supuesto. Otros miembros de la Comisión, o más bien otras, han contribuido notoriamente al fiasco. Y existen unos materiales de comprobaciones y entrevistas realizadas para el informe que debieran ponerse a la disposición de analistas de más capacidad y solvencia; ante todo, por supuesto, de indígenas. Esto y no el frustrado informe es lo que importa ahora.
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Ahora que el informe tiene rostro, hasta sus aspectos más inhumanos resultan más humanos. He encontrado por internet más información sobre el padre Álvarez. La vocación misionera le viene de familia pues un tío suyo fue vicario apostólico de Urubamba y Madre de Dios precisamente. Se trata de monseñor Enrique Álavarez, quien a los cuarenta y tantos años se ahogó en el río Urubamba cuando se sobrino era todavía joven. Hay algo de muy humano en querer seguir los pasos del familiar malogrado. Y Ricardo se preparó. Estudió antropología en la Sorbona con Levy-Strauss. Así puede ser interesante su “Etno-historia del Urubamba y el Alto Ucayali”. La introducción que Usted comenta es interesantísima. El libro lo he encontrado, casi completo, en internet, en google.books, aquí:
http://books.google.es/books?id=c865lPHnbtsC&printsec=frontcover&dq=ricardo+%C3%A1lvarez+lobo&ei=lM8tS_6oHpP6zASJv5SbBA&cd=1#v=onepage&q=&f=false
¿Cómo se puede cambiar tanto incluso contra la propia formación religiosa y científica? Usted argumenta que el cambio no lo es tanto, por eso del racismo implícito en el tratamiento de los indígenas como hijos a los que se les da identidad. No lo sé. Me ha chocado el argumento. En el colegio de niña yo trataba de madres a las monjas, a mí ellas me decían hija y lo recuerdo como si fuera algo de cariño con respeto. Claro que las monjas no pretendían transmitirme una identidad, como si fueran madres de verdad, ni a nadie se le ocurría que eso fuera ni siquiera concebible. Supongo que en el contexto de misiones entre indígenas lo del tratamiento familiar no es lo mismo. Pero lo del indudable racismo quizás sea algo añadido y no veo claro que ya estuviera en el libro de 1984.
Bueno, Profe, es una duda mía bastante humana sobre un escrito suyo que humaniza lo inhumanizable. Me imagino al padre Álvarez de hace veinticinco años escribiendo con pasión aquella introducción. ¿Cómo se mirará y que verá ahora en el espejo ya no del río, sino del baño? ¿No ha vuelto a aquellas comunidades o no se ha atrevido a volver para no ver la imagen de su tío malogrado en el espejo del río y la suya propia entre gentes que le son ahora y quizás no siempre le han sido ajenas?
Profe, felices fiestas para todos, y para todas.
Espe, la diferencia entre paternidades y maternidades digamos que también putativas radica efectivamente en la pretensión de determinar la identidad cuando se trata de indígenas. Esto es lo racista. Y esto ya estaba en el libro de 1984 aunque la posición del autor fuera tan distinta a la de ahora. Usted lo ha explicado mejor que yo. Es el tipo de racismo usual también en la clase política, con esa misma pretensión de determinar identidades. Aunque se dé por igual en las metrópolis, su raíz es colonial por supuesto.
Sus preguntas del final son desafiantes, pero sólo Ricardo Álvarez podría responderlas. Y me temo que no se las respondería ni a sí mismo, o que ni siquiera se haría las preguntas. Su humanidad a estas alturas puede que ya sea irremisiblemente inhumana. No va a jugarse ahora el sentido de su vida, ese sentido misionero de raíces en el paternalismo racista. Ni va a reconocer, ni siquiera a sí mismo, que el Gobierno peruano ha intentando utilizarle miserablemente. Esto último quizás, con su vida, no se lo merezca, pero él mismo es quien se ha prestado y parece que con entusiasmo.
Gracias, Espe, por la dirección del libro de Álvarez en internet casi completo. No sé cuál es su paradero, el de Usted. Si anda por España y quisiera verlo entero, aquí puede buscar el registro de las bibliotecas universitarias en la que se encuentra, no muchas:
http://rebiun.crue.org/cgi-bin/rebiun/O7951/ID871f3d21?ACC=101
En la Universidad de Sevilla no lo tenemos, pero, para todo lo que sea dominico, hay en la ciudad una estupenda biblioteca, la del Estudio General de los Padres Dominicos en la calle San Vicente, cerca del centro.
Pequeña digresión al vuelo respecto al caso Alvarez: no veo porqué una persona adulta deba tratar a otra persona adulta como su “hijo” (no siéndolo) salvo que no sea para subestimarlo.
Evidentemente, esa utilización del término viene de suyo en la subordinación simbólica que siempre ha impuesto el clero católico sobre el laicado, indígena o no. Que sea tan generalizado no implica que deje de ser paternalista. Y si se aplica a indígenas, en relación a una posición religiosa dominante, peor aún.
Otra cosa diferente es el uso del término “hijo” de manera muy determinada, hacia un individuo en particular al que se ama de manera especial. Cuando se dirige hacia una clase de personas en abstracto (laicado, indígenas, lo que sea) la carga es evidentemente paternalista.
Saludos a quienes se refieren a mi persona y en especial al Sr. Bartolomé Cavero que ha iniciado este comentario. No tengo ningún inconveniete en conversar con cualquiera de ustedes que me visiten en Lima, en Jirón Chancay 223, Lima 1. De momento les diré solo dos cosas:
1. Nunca llamé a los nativos “mis hijos”. No se de dónde sacaron tal afirmación.
2. Estuve en la Comisión que investiga los sucesos de Bagua. No los socesos luctuosos, muertes, responsabilidades, que son objeto del Poder Judicial, sino las causas sociales, políticas, económicas y religiosas que motivaron estos hechos. En esto hay una lamentable confusión, pues no somos jueces del poder judicial. No caigan en esta confusión. No obstante les envío un párrafo con el cual termina el Documento final: “Como comentario me voy a fijar en el párrafo que pone fin al documento en la página 87. Dice:
“La mayor de las dificultades que se encuentran para establecer los sucesos de Bagua, está en que detrás de ellos se esconden muchos intereses políticos, sociales, económicos y, sobre todo, culturales. Podemos señalar con cierta facilidad quiénes actuaron en estos sucesos de Bagua, pero resulta difícil desentrañar los intereses y las ideologías que los motivaron.
Y, sin embargo, éste es el elemento fundamental a esclarecer de cara al futuro, pues no se trata de señalar los responsables puntuales del hecho de Bagua sino las causas profundas que dieron origen a este hecho. Este acontecimiento pudiera haber ocurrido en cualquier otra localidad de la Amazonía y, lo que es peor, pudiera producirse en el futuro si no se tienen en cuenta las causas profundas que lo motivaron” (p. 87).
La clave para entender lo sucedido en Bagua son las causas profundas que motivaron ese hecho. Bagua es un símbolo de lo que estaba pasando en la selva desde hacía muchos años: Selva norte, selva sur y selva central; es decir, marginación y exclusión absolutas de los pueblos indígenas por la sociedad nacional. Lo sucedido en Bagua pudo haber sucedido en cualquier otro lugar y, lo que es peor, volverá a suceder si no se tienen en cuenta las causas que lo motivaron. Esto, y no otra cosa, es lo que ha dado pie a las críticas que se levantaron contra la Comisión que investiga y analiza los hechos de Bagua, según ustedes han leído en los periódicos. El que hayamos señalado en el “borrador” las causas profundas más que los actores, ha molestado a algunos. Se nos ha tachado de ignorantes, de vergüenza, de irresponsables; pero nada hemos dicho, nos hemos callado, porque sabemos que quienes nos han criticado lo hicieron porque se han visto aludidos entre los causantes de lo que pasó y de lo que pasará en el futuro en la selva si no se corrigen. En la memoria histórica quedarán registradas las instituciones y personas que han tratado de sabotear la Comisión desde que fue nombrada, a las cuales la historia controlará y les pedirá cuentas”.
Si alguno de los lectores lo desea puedo enviarle el documento final de la comisión.
Atentamente
P. Ricardo Alvarez, o.p.
Estimado Sr. Álvarez, permítame expresarle ante todo mi reconocimiento por su comunicación, al tiempo que me excuso por no responderla en la medida en la que su intervención no constituye una réplica a mi comentario acerca de su papel en la elaboración del Informe sobre Bagua, sino una vindicación de su visión personal que no casa bien con las evidencias de sus posiciones públicas.
Protesta usted: “Nunca llamé a los nativos ‘mis hijos’. No sé de dónde sacaron tal afirmación”. Tampoco yo, porque ignoro incluso que alguien lo haya hecho. Lo que yo he afirmado es algo perfectamente documentable, sobre todo por usted: “La Memoria del año 2008 del Secretariado de Misiones Selvas Amazónicas de la Orden de Predicadores, la orden dominica, llama a los estudiantes ‘sus hijos’, hijos de Ricardo Álvarez y de otros misioneros”. Es un extremo que traje a colación porque lo creo clave para percibir y explicar el hilo de continuidad entre el misionero Álvarez de hace varias décadas, sensible hacia las comunidades indígenas, y el comisionado Álvarez de hoy, insensible incluso ante razones de humanidad.
Por su papel en la Comisión sobre Bagua, me parece que ese aspecto biográfico suyo, el que le ha llevado del humanitarismo competente a la insensibilidad insolvente, resulta de interés público, pero sobre ello usted no replica nada. Por esto me he excusado de la sumariedad de mi respuesta.
P.D. Firma usted como Padre. Por favor, no me trate como hijo. No creo ser el único al que ofende.
Estimado Sr. Bartolomé Clavero. Siento que se haya ofendido porque yo haya firmado como Padre. No he tenido la intención de llamarme mi hijo, ni mucho menos. Tendré que reclamarle al Director del Secretariado de misiones por darme esa denominación. No lo había leído. Lejos de mi tal cosa. No obstante yo le invito a tener una conversación conmigo para que entienda bien mi manera de pensar y de actuar, porque esto le servirá de insumos para sus enseñanzas.
Atentamente
Ricardo Alvarez Libo, o.p.
Algo avanzamos, Sr. Álvarez. Se lo digo no por devolverle la broma, sino por incidir en lo que me parece su incapacidad actual para tomar en consideración la posición de personas no dependientes de su presunción de benevolencia y por tanto para ocuparse de la vulneración de derechos ajenos, como ha pretendido al erigirse en el cerebro gris de la Comisión sobre Bagua. Ahora, en el último mensaje, no se presenta como P. (padre), sino como Fr., esto es fray, contracción de frater, que significa, como bien sabe, hermano, lo cual sigue siendo un tratamiento familiar indebido para con un interlocutor que no se considera tal, ni hijo ni hermano. Pero, de hijo a hermano, reconozco que algo avanzamos. Más, con usted, parece infactible.
Sr. Bartolomé Clavero. Ud. dice que hemos avanzado en la conversación, pero a mi me parece que no, que falta aún. Creo que Ud. necesita verme y hablar conmigo, pues de otra manera no podría conocerme. Le espero.
Saludos
RAL
Hemos avanzado, RAL. Ya por lo menos se ha apeado de la peana de P. y de Fr. Espero que lo haga no sólo conmigo, sino con todo el mundo y especialmente con sus-ex-hijos indígenas. Se lo digo porque esto no es entre nosotros ni sobre usted. En lo que a usted toca, es sobre su triste papel tras la Masacre de Bagua tergiversando sus causas, motivaciones, responsabilidades, implicaciones y consecuencias.
Como no me sonaba de nada, pregunté a una amiga americanista. Me dijo que Ricardo Álavarez Lobo “podía heber sido en Perú” como Xavier Albó en Bolivia o Bartomeu Meliá en Paraguay. A Albó comencé a conocerle en este blog. De Meliá también me explicó. En fin, podía hber sido…
Sr. Bartolomé Clavero: Deseo decirle qué es lo que me movió a aceptar integrar la comisión de Bagua: Simplemente aprovechar la oportunidad de liberar a los indígenas del Urubamba y Alto Ucayali de la exclusión y marginación a que estaban sometidos desde hacía siglos. Me pareció que ésta era la oportunidad para decir algo de lo que estaba pasando en esta zona de la Amazonía.
Creo que Bagua es el símbolo de lo que estaba pasando en la selva con los indígenas, pues lo mismo pudo haber pasado en otros lugares. De hecho el año anterior el problema reventó en el Madre de Dios y yo mismo había anunciado que algo tenía que pasar más grave, pues los indígenas habían llegado al límite de aguante. Bagua a mí no me sorprendió. El movimiento de reivindicación era el mismo en toda la selva, a mi parecer, pero yo atribuyo el problema a la marginación y exclusión, aunque el detonante fue otro, los decretos, la venta de tierras, etc.
Mi lugar de trabajo es el Urubamba y Alto Ucayali, al Sur, en los departamentos de Cuzco y Ucayali; no en el Norte en donde está Bagua. La problemática del Sur es diferente de la del Norte, pero es problema también. En el Sur habitan los ashaningas, matsiguengas, piro-yine, amahuaca, yaminagua, nahua, kogapakori, nanti, kakinti y otros. En el Norte habitan los agauruna, huambisa y otros. La situación de una zona y otra coincide en que en ambas los indígenas son marginados y excluidos y el detonante también es el mismo; pero la historia y etnografía es diferente.
Ahora bien, lo voy a poner dos ejemplos de lo que pasa en la zona Sur.
1. Un joven kakinti que estudió secundaria en Kirigueti, al entrar en la universidad me dijo: “Cuando termine mis estudios voy a matar a todos los que llaman a mi grupo “aislado”. ¿Por qué lo decía? Porque él pertenece al grupo étnico kakinti que figura entre los “aislados”, por lo que no puede recibir ningún apoyo del Estado ni del municipio. Su comunidad está en el distrito de Echarate (Cuzco), que es el distrito más rico del Perú, pues entre el canon petrolero y otros ingresos no sabe qué hacer con el dinero. Pero a este estudiante matsiguenga no le paga la beca de estudio, ni la alimentación, porque es “aislado”. Nosotros trabajamos lo indecible por cambiar esta mentalidad, pero hasta ahora no se ha podido. Buscamos las oportunidades para que esto cambie.
2. Los nahua, kogapakori y nanti, que figuran entre los “aislados”, tienen un depósito de las compañías petroleras de un millón ochocientos mil soles, que ahora ha aumentado casi el doble, pero no pueden darles nada, ni para educación y salud, porque son “aislados”. Los nahua tienen escuela, aeropuerto, estudian secundaria, pero no pueden utilizar ese dinero porque son “aislados” y, supuestamente, no tienen capacidad para administrar ese dinero. El depósito lo tiene INDEPA (Instituto de Desarrollo de los Pueblos Amazónicos, Andinos y Afroperuano). Los misioneros trabajamos por que esto se cambie y buscamos los medios para que se de a cada cual lo que es suyo.
Ante esta situación, lógicamente debemos preguntarnos ¿Quién es el que determina esto? ¿Quiénes son lo que interrumpen que se administre la justicia? ¿Qué intereses hay en todo esto? Sin duda que, viviendo día y noche, un año y otro año, viendo estas injusticias, podemos hallar algunas causas que avalan la marginación y la exclusión de los indígenas. Estas causas son las que queremos combatir y anular, a lo que algunos se oponen. Es de lamentar que vivamos entre personas e instituciones que margina y esclavizan a los indígenas y que no se les pueda tocar.
Esta es la razón para que yo haya aceptado integrar la comisión de Bagua, pues pienso que en una oportunidad para que se produzca un cambio en el Urubamba y Alto Ucayali. Cumplo con el mandato de la comisión, que es hallar las causas responsables de la situación indígena, como es la exclusión y la marginación, para combatirlas con el fin de que esto no suceda más.
Atentamente
Ricardo Alvarez
cess1@telefonica.net.pe
Una nota de corrección. El depósito que tienen los nahua, kogapakori y nanties de 1. 800. 000 dólares, no soles.
Atentamente
RAL
Sr. Álvarez, veo que se ha empeñado usted en una verdadera cruzada de defensa de las posiciones indefendibles del Informe sobre Bagua, identificándose a tal punto con él que está dejando en muy mal lugar a los tres miembros de la Comisión que se han sumado a lo que usted reduce a vindicación personal, las exministras de gobiernos apristas Susana Pinilla y Pilar Mazzetti junto a Manuel Bernales, quien al frente del Consejo Nacional del Ambiente ya había mostrado también su posición poco firme ante la invasión de la Amazonía sin el debido consentimiento de los pueblos indígenas. El que redondea el cuarteto de la ignominia es usted, presentándose como quien imprime neutralidad e independencia al Informe. Usted, quien, le recuerdo, es uno entre siete miembros originales de la Comisión.
Flaco favor está usted haciendo a su compañero y sus compañeras de firma y al propio Informe. En su cruzada cede a la tentación facilona de repetir literalmente mensajes, igual que se repetía en el Informe. El último no debiera ni molestarme en responderlo pues ya lo había usted enviado a otro blog provocando además duras respuestas con buenas razones, a las cuales, a las unas como a las otras, me sumo sin reservas. No voy a reproducirlas pues es más justo remitir a quien le interese al otro sitio:
http://grancomboclub.com/2009/12/el-deber-de-un-colonialista-primera-parte.html/comment-page-1#comment-7967
Me permito en todo caso unas breves apostillas:
Usted mismo reconoce que no es experto en los pueblos afectados por la Masacre de Bagua, lo que se une a lo que ya dijo sobre que no hace falta averiguar los hechos para identificar las causas. ¿Y usted ha sido el autor intelectual del Informe? ¿Cómo se puede ser tan irresponsable?
En su insistencia en “la exclusión y marginación” de unos pueblos que lo que están es sufriendo una invasión por vivir en territorios ricos en recursos sin otorgarles ni voz ni voto sobre el aprovechamiento de los mismos, lo que está usted es negándose a cualquier acercamiento de constancia y respeto de derechos. Su negación de la existencia de pueblos en aislamiento voluntario y con la voluntad así expresa de defensa de su territorio presenta la vertiente práctica de apoyar la invasión de empresas extractoras. Usted no lo oculta. Da datos sesgados que sólo pueden tener esa procedencia. Y en sus escritos de los últimos años usted ha manifestado paladinamente su apoyo a las actividades de las petroleras en la Amazonía.
Sr. Álvarez, sea al menos honesto consigo mismo y sincero con los demás. ¿Por qué se incorporó usted a la Comisión sobre Bagua? ¿Qué papel han tenido las empresas extractoras en toda la macabra historia del desempeño de sus funciones por parte de los cuatro miembros, usted inclusive, que al final han suscrito el Informe? El papel del Gobierno ha sido menos opaco, pero también sobre esto podría decirnos mucho, estoy seguro.
Padre Alvarez
Qué pena que en su afán de darle una salida digna a los hermanos del sur de la amazonia, haya caido en la trampa de esa comision…qué pena que usted, con la madurez que le dan los años, tenga que justificarse ante críticos tan severos, que no sé exactamente qué buscan.
Es evidente que fue utilizado en su buena fe, quién lo conoce, y han de ser muchos, yo solo lo he visto de lejos como una persona preocupada por los hermanos indígenas, no puede argüir que usted sea alguien que se venda por la fama o el dinero. Usted no es un político, de esos que abundan aunque no tengan cargos públicos.
Ud se ha visto engañado en su buena fe, seguramente lo convencieron para que suscriba este documento para mantener la viabilidad, y al final, terminaron embaucándolo a usted. Analizar las causas del atraso de las comunidades indígenas es solo mirar el pasado y el presente: una total indiferencia por los indígenas y una mirada miope desde el Estado, que somos todos nosotros, hacia sus problemas de inclusión e igualdad de oportunidades.
Saludos. Le voy a responder a estas dos preguntas finales que me hace:
1. ¿Por qué se incorporó Ud. a la comisión de Bagua? Porque consideré que era una oportunidad para poder decir algo y dar unas pautas, con el fin de liberar a los indígenas de la exclusión y mnarginación. Creí que era ésta una gran oportunidad.
2. ¿Qué papel han tenido las empresas extractivas en toda la macabra historia …? En los 57 años que llevo en el Bajo Urubamba las empresas madereras han sido esclavizadoras de los indígenas nativos, expoliadoras de la selva y tierras, causantes de la pobreza de los indígenas. Las empresas petroleres en la misma zona siguen el mismo sistema de expoliación de tierras y selva y son las causantes del desequilibrio laboral y el origen de muchos conflictos sociales y laborales.
Respecto a las empresas extractivas se pide en la comisión que se intraduzca un sistema de asociación y de participación de los indígenas con las empresas.
Se intenta hacer un cambio del sistema. Ud. podría colaborar en realizar cambios estructurales al respecto.
Saludos
Atentamente
RAL. o.p.
Como el Marco Antonio de Shakespeare, Eva Izquierdo nos asegura que “Bruto es un hombre honrado”: que a Ricardo Álvarez Lobo le han “engañado en su buena fe” al convencerle “para que suscriba este documento”, el informe de Bagua. Como en el discurso de Marco Antonio, hay cosas que no cuadran, aunque con la diferencia de que las contradicciones allí eran intencionadas y aquí parecen flagrantes.
En primer lugar, RAL da por hecho que el informe es obra suya y lo defiende con orgullo. Nadie diría que ha sido sorprendido en su buena fe, si ésta existe. Pues, en segundo lugar, RAL responde a las preguntar sin ofrecer respuesta, repitiendo latiguillos como un mantra con argumentos que han sido refutados y sin molestarse en intentar refutar la refutación. ¿Qué buena fe es ésta? En la situación que produjo Bagua, ¿quién se cree, porque la repita y la repita, la simpleza de su explicación de por qué ha formado parte de la comisión? ¿No es ésa la honradez de Bruto?
Lo de la honradez de Bruto que dice Espe me deja sin respuesta. O en realidad es RAL-OP quien nos deja sin respuesta con lo que Espe llama su mantra. Un mantra sólo admite repetición de la cantinela, no respuesta ni diálogo. Lo digo con el debido respeto a quienes tienen por formas de expresión religiosa mantras como el rezo del rosario.
En cuanto a respuesta y diálogo, creo que estamos planteando mal las cosas o que RALOP nos está empujando con su mantra al terreno que le interesa. Él no tiene por qué responder, o aparentar que lo hace, a las cosas que digamos en este blog ni que se digan en los otros blogs a los que también se está dirigiendo. Ricardo Álvarez Lobo-Orden de Predicadores, pues es el responsable intelectual del Informe sobre Bagua aun con la coartada de su voto particular, está obligado a responder públicamente, con la misma publicidad que se le dé oficialmente al propio Informe, a los argumentos de los dos miembros disidentes de la Comisión, uno de ellos su Presidente. Eso sería honradez y eso es lo que está eludiendo con su arrebato de personalismo en línea.
Lo primero que Rafael Álvarez manifestó en su primer mensaje (bueno, lo segundo, tras manifestar que nunca ha llamado hijos a los indígenas) es el desprecio por los hechos. La Comisión, nos explicó, no había de investigar “los sucesos luctuosos, muertes, responsabilidades, que son objeto del Poder Judicial, sino las causas sociales, políticas, económicas y religiosas que motivaron estos hechos”. Con esta creencia de estar en posesión de una ciencia infusa que conoce causas de los hechos sin conocer los hechos mismos o ni siquiera las responsabilidades de quienes los causan, ¿cómo va a extrañar que firme cualquier cronología de hechos siempre que se les depure de los que impliquen algún indicio de responsabilidad por parte de sus mandantes? Y, con ese exquisito sentido de respeto a la justicia, ¿dónde está por parte de Rafael Álvarez la reclamación de investigación judicial sobre las responsabilidades de quienes ordenaron disparar en Bagua?
Información sobre relaciones venales entre Ricardo Álvarez Lobo y la orden religiosa a la que pertenece con empresas petroleras. Puede verse aquí:
http://grancomboclub.com/2010/01/el-comisionado-gubernamental-ricardo-alvarez-lobo.html
¿Y qué ocurre con los otros tres miembros de la Comisión de la Falsedad que han firmado el Informe de la Ignominia? No parece que sea en RAL donde está la clave del nexo con la manipulación gubernamental. El mensaje de Eva Izquierdo puede merecer algún crédito. El entusiasmo apostólico de RAL por ser el salvador de los indígenas ha podido ser utilizado. Y su vanidad nos está distrayendo de las cuestiones principales. Me permito hacer una sugerencia a los dos miembros decentes de la Comisión, Jesús Manacés y Carmen Gómez Calleja. Sería interesante que uno de los apartados de su informe de minoría se dedicase, dentro del análisis de los comportamientos gubernamentales tras Bagua, a la propia Comisión, quiero decir a los manejos de la mayoría finalmente formada por Susana Pinilla, Pilar Mazzetti, Manuel Bernales y Ricardo Álvarez.
Estimado Profesor:
Centrado en las preocupaciones del Walmapu, sólo seguí los sucesos de Bagua con estupor por la prensa y, previendo cometer errores como los del Sr. RAL no hablaré de los sucesos del Norte o del cálido amazonas indígena, cuando mi proceso de conocer apenas se circunscribe a las frías tierras de por aquí abajo del sur de Chile.
Sin embargo, con la humilde impronta de quien trata de conocer todos los días un poquito más y con la convicción de que aprendiendo de los otros uno puede saber más de lo propio, fui siguiendo los devenires del “Informe de la Ignonimia” -como Ud. le bautizó- y de los entramados de su factura autores y artífices. Por lo que, una vez más, le agradezco su espacio de diálogo y común reflexión.
Con la misma modesta aspiración y la advertencia previa a la que creo no faltaré, me permito dos reflexiones sólo desde lo que me permite la buena lectura y el Derecho, en los que espero tener algo más de autoridad:
La primera:
RAL ya no tiene salida hacia el error, la Buena Fe o la ignorancia de cualquier especie – ya advertido por Ud. Profesor-, pues habiendo usado el espacio abierto de la explicación, no sólo omite, sino que reafirma sus convicciones una y otra vez.
La Segunda:
Respecto de las “convicciones”; qué puede responder el Derecho a las propias palabras de RAL?:
“¿Quién es el que determina esto?”, clama RAL en alusión a la “marginación y la exclusión” las verdaderas causas de los sucesos de Bagua y de los males de los indígenas del Amazonas, ocurridos o por ocurrir – según se preocupa de explicar-.
El Derecho nos dice “AUTODETERMINACIÓN” de los Pueblos Indígenas. Son ellos, los “contactados”, “aislados”-un tanto más o un tanto menos- (o bien, aquellos un tiempo guerreros, otro ganaderos, después campesinos y hoy movilizados políticamente como los Mapuche), los que deben determinar y definir lo que quieren para sí, con, sin o negociando con gobiernos y/ o petroleras. Si hay leyes más o menos proteccionistas, leyes de “congelamiento” ya anacrónicas frente a la “modernidad”, serán ellos los que deberán definir. El Derecho que el mismo Perú ha adoptado se encarga de resolver el asunto (a lo menos en lo jurídico).
(NOTA: Estimado Profesor, Espe y muchos otros, respetuosamente, sé que Uds. esto lo saben bien y pueden explicarlo mucho mejor que yo, sólo esperaba hacer presente lo penosa de la postura, ante lo evidente del asunto).
Por otro lado, no puedo dejar de referirme a una materia más de fondo y que está lejos de lograr plenos acuerdos, pero que sí refiere a “convicciones”:
Se que la tarea de ser un “no indígena”, que trabaja con indígenas y procura la “autodeterminación” de los indígenas no es fácil. Por la sencilla razón de que la sola pretensión, dicha desde una posición de privilegio en relación al poder (Gobierno, ONGs, Iglesia, Academia, etc.) por justa causa que tenga, ya adolece de grados de paternalismo, con los que deberemos cargar. Pero, mejor es tenerlo claro y tratar de remediarlo, que usufructuar de un “pseudo purismo” ingenuo e inexistente.
Por qué digo lo anterior, porque estando a cargo de una ONG de la Iglesia Católica, valoro los aportes que han hecho y hacen muchos misioneros en forma anónima y silenciosa, muchas veces por sobre las pretensiones de sus superiores y arriesgando la vida propia, en Perú mismo, Chile y otras tantas partes.
Paralelamente, así como con dolor la Iglesia Católica debió asumir las atrocidades del pasado, habemos muchos en ella que creemos en un “caminar juntos” un acompañar sin imponer valores religiosos ni “ofrecer” fe alguna, valorándonos recíprocamente, personal y culturalmente, en el entendimiento que ese es el respeto de la Dignidad Humana a la que nos convocó Cristo. Aquí un disenso de proporciones con lo leído referente al pensamiento y “obra” de RAL, en tanto la “Misión” no es lo importante, tampoco la ONG o la “Comisión”. De lo que se trate, sin ser relativista, lo importante, es todo cuanto realicemos en pro de la Dignidad de la persona humana, en pleno valor de sus culturas y todo cuanto hagamos, indígenas y no indígenas, por construir una sociedad en la que quepamos todos en respeto de la diversidad con Dignidad. Repudiando, por el contrario, el que con la excusa de la “exclusión y marginación” que alega RAL -en Chile la derecha habla de “la pobreza mapuche”- se imponga el Estado, los poderosos, la cultura dominante a los Pueblos Indígenas que claman por tan sencillo y elocuente concepto: ¡autodeterminación!.
Juan Jorge Faundes