Perú: Comisión de la Falsedad y Proyecto de la Ignominia
De la Comisión de la Falsedad se ha filtrado el Proyecto de la Ignominia, el borrador casi ultimado de su Informe sobre Bagua. Ésas son denominaciones merecidas desde que hace unos días se ha conocido el texto. La Comisión ha sido corta en la averiguación y el Proyecto es largo en el adoctrinamiento. Pontifica en todo lo que no ha investigado, esto es en todo. Trivializa hechos e ignora derechos. Reparte a mansalva responsabilidades y no identifica las que desencadenaron la masacre. Adopta una posición paternalista respecto tanto a la ciudadanía peruana como a los pueblos indígenas al tiempo que se permite repartir acusaciones de racismo por doquier. El racismo hoy más operativo y hasta agresivo es el del paternalismo que se arroga la facultad de decidir por los demás. Es lo que hace la Comisión particularmente respecto a indígenas. ¿Y qué decide por ellos y ellas? Que necesitan tratamiento paliativo para que asimilen más pacíficamente las mismas políticas que vienen atropellando sus derechos y han conducido a la masacre.
Perú: Comisión de la Falsedad y Proyecto de la Ignominia
Bartolomé Clavero
Miembro del Foro Permanente de Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas
De la Comisión de la Falsedad se ha filtrado el Proyecto de la Ignominia, el borrador casi ultimado de su Informe sobre Bagua. Ésas son denominaciones merecidas desde que hace unos días se ha conocido el texto. La Comisión ha sido corta en la averiguación y el Proyecto es largo en el adoctrinamiento. Pontifica en todo lo que no ha investigado, esto es en todo. Trivializa hechos e ignora derechos. Reparte a mansalva responsabilidades y no identifica las que desencadenaron la masacre. Adopta una posición paternalista respecto tanto a la ciudadanía peruana como a los pueblos indígenas al tiempo que se permite repartir acusaciones de racismo por doquier. El racismo hoy más operativo y hasta agresivo es el del paternalismo que se arroga la facultad de decidir por los demás. Es lo que hace la Comisión particularmente respecto a indígenas. ¿Y qué decide por ellos y ellas? Que necesitan tratamiento paliativo para que asimilen más pacíficamente las mismas políticas que vienen atropellando sus derechos y han conducido a la masacre.
Para el Proyecto de la Ignominia tales políticas son plausibles, sólo que no se ha sabido venderlas a indígenas y a la otra parte remisa de la misma ciudadanía peruana. El problema no radica, según el Proyecto, en ellas, sino en la deficiente percepción indígena y de ese contingente no indígena acerca de ellas: “Los nativos piensan que el Estado (…) les quiere quitar todo lo que poseen para proponerlo a la libre disposición de los empresarios”, por lo cual “los nativos reclaman al Estado una consulta y un diálogo amplios”. No es el Convenio 169, el Convenio de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes que el Perú tiene ratificado, el que exige tal consulta, sino solamente “los nativos” y esto además sólo porque ha faltado, asevera el Proyecto, “un diálogo sereno e intercultural”. El Proyecto no atiende el Convenio 169, este tratado sobre pueblos indígenas, ni siquiera para la terminología. Habla de nativos no sólo porque sea la denominación adoptada por la Constitución del Perú, sino también por cortar toda posibilidad de aplicación del Convenio 169, al que empecinadamente ignora como derecho en vigor a pesar de que ha de mencionarlo en más de una ocasión
El racismo del Proyecto da la cara desde temprano al explicar que el Estado no debe intentar entenderse con indígenas de comunidades ni con representantes de las mismas, sino con quienes ya se hayan transculturalizado, lo que entiende que ocurre por la mera realización de estudios. Está así diciéndose que el Estado puede y debe cooptar la representación indígena. Cito literalmente porque comprendo que resulten posturas difíciles de comprender a estas alturas: “El Estado falló porque tomaba como interlocutores a indígenas que no habían estudiado y marginó a los indígenas que habían estudiado y con los cuales hubiera podido mantener un diálogo hasta comprenderse mutuamente. El Estado no conocía a los indígenas y tomó a todos como ignorantes. Esto fue interpretado en muchos ambientes como si el Estado hubiera querido sorprender al indígena en su ignorancia para manejarle a su antojo”. El Proyecto pone especial empeño, puede suponerse que interesado, en denunciar “la marginación y exclusión de muchos indígenas que han realizado estudios superiores”.
Lo que se afirma respecto a que el intento del Estado por entenderse directamente con los indígenas fue malentendido resulta en especial ofensivo no sólo por la presunción racista de ignorancia indígena, sino también por el descaro insultante como se presentan unos hechos. El Gobierno efectivamente cooptó sin éxito tras Bagua representación indígena intentando postergar a la respaldada por las comunidades y ahora el Proyecto de la Ignominia pretende que tal fue la percepción errada de la ciudadanía peruana. Este de la contrafactualidad descarada es el tenor continuo del Proyecto. En el Perú por lo visto tan sólo los miembros de la Comisión de la Falsedad dispuestos a suscribir el Informe, así como sus mandantes, ignoran el transcurso de los hechos. Es por supuesto una afectación de ignorancia que, gracias a la falta notoria de investigación, puede atravesar todo el Proyecto. No voy a comentarlo por entero. Sería cansino y bastante inútil. Si el Informe final responde al Proyecto, se desmentirá por sí mismo en casa y no se granjeará en el exterior crédito entre gentes de buena fe no sólo por sus torpes alardes de racismo, sino también, más sustantivamente, por no atenerse al derecho internacional de los derechos humanos y, en la forma, por su estilo de vaguedad con los hechos y ataque con las presunciones nada homologable ni compresible internacionalmente.
“A este error (el de intentar entenderse con gentes tan ignorantes como todos y todas los indígenas que no han cursado estudios) contribuyeron personas, ONGs, instituciones y empresas”, así entran en escenas caracteres dramáticos pues les corresponden papeles de malos en la esa obra de ficción que pergeña este Proyecto. Son quienes no dejan al Estado a solas para que, con el papel de bueno que se le asigna a éste, pueda arreglarlo todo con los indígenas. El mismo Proyecto ya ha sentado que “hay antropólogos, sociólogos, periodistas y ONGs que definen e inculcan diferentes identidades radicales en los indígenas amazónicos; movimientos ideológicos que orientan a los pueblos indígenas en distintas direcciones, se destacan muchos los derechos y poco las responsabilidades”, etc., etc. La responsabilidad grave para el Proyecto es la de predicar y defender derechos, con lo cual entiende que se genera un mundo de ficción que encandila a los indígenas. He ahí “los conceptos de comunidad nativa, de federación, de economía, de territorio, impuestos desde el exterior con modelos ficticios” y que han venido a romper, asegura el Proyecto, “con el sistema de desarrollo que se habían formulado las misiones preparando a jóvenes en estudios superiores para elevar el nivel educativo y formar una fuerza cultural, intelectual y de desarrollo comunal que superara las contradicciones de la marginación y la exclusión”. Entre el Estado y las viejas misiones, si les dejasen solos, arreglarían las cosas. Para la Comisión de la Falsedad su propia ficción constituye naturalmente la verdad en singular por única.
La presunción racista respecto a indígenas no sólo es la de ignorancia, sino también la de pobreza, una pobreza rodeada de recursos sobre los que no se les reconoce derechos y que así necesitan la intervención del Estado junto, se sobrentiende, a las empresas para beneficio que se presume de los propios indígenas. Es la virtud y el horizonte, afirma el Proyecto, del “desarrollo sostenible”. Ni siquiera se considera la posibilidad a la vista de que, contando con territorios y recursos, la pobreza indígena, en lo que efectivamente existe, es inducida, como tampoco la consiguiente de que, si se parte del respeto de los derechos indígenas, puede haber otras formas de desarrollo que se beneficien del conocimiento y cuenten con las aspiraciones de las comunidades amazónicas. Nada en este Proyecto se verifica, consulta ni contrasta. Todo es en él presunción. Y todo para él resulta una cadena de “errores” desde que se ha producido el rechazo de la mediación de las viejas misiones y sus indígenas trasculturalizados entrando en su lugar ONGs y otras huestes que promocionan en cambio “líderes sin estudios”, los que, según el Proyecto, tienen la responsabilidad de haber precipitado los acontecimientos.
A las comunidades indígenas mismas también se les imputa los efectos perversos de esa sustitución y, según siempre el Proyecto, suplantación de mediación y representación. “A este error han contribuido también los pueblos nativos. Estos deben saber que una cosa es la organización interna de las comunidades y el parentesco y otra cosa distinta son las relaciones del Estado con las comunidades nativas. Los Apus y los Curacas tienen poder y autoridad en lo referente a la comunidad pero para entenderse con el Estado deben dejar paso a los indígenas que han estudiado, quienes por su estudio pueden establecen un diálogo fructífero. Del mismo modo deben abandonar el criterio y el juicio de que los nativos son todos iguales, porque desde el momento en que unos han estudiado y otros no, ya que el que ha estudiado y puede entender a ambas partes, puede defender mejor a su comunidad”. Las comunidades indígenas deben en suma volver a la posición de subordinación propia del colonialismo, lo que el Proyecto no dice así por supuesto. ¿Quién ha hablado de democracia? ¿Quién habla de ciudadanía? No desde luego, respecto a indígenas, el Proyecto de la Ignominia debido a la Comisión de la Falsedad.
Hay misiones distintas a las viejas, a éstas que se ensalzan por mantener unas políticas de tracto colonial, le consta al Proyecto, pero forman facción, nos explica, con las nuevas instituciones mediadoras, los malos de esta ficción, los racistas para el racismo del Proyecto: “Las instituciones foráneas llegan a la selva con prejuicios de raza, de origen cultural y social, de nivel de desarrollo y de comprensión. Los antropólogos, las ONG, los petroleros y misioneros, se muestran superiores a los nativos, en conocimientos, en dinero, en ofertas y en posibilidades, debido a un racismo atávico”. En todo el Perú, sólo los miembros de la Comisión de la Falsedad dispuestos a suscribir el Proyecto de la Ignominia están libres de racismo. Sólo ellas y ellos conocen la verdad sobre el indígena: “Hay un falso concepto de hombre amazónico y, de aquí, un falso concepto de cultura, lo cual ha llevado a un error en el planteamiento de las relaciones con los indígenas amazónicos. Sobre todo ha habido un falso concepto de hombre, del ser del hombre. El orgullo de la sociedad occidental desprecia los valores de las culturas indígenas”. He aquí siempre el racismo imaginado en la superficie del espejo donde se refleja el racismo real, el que quiere recuperar e imponer la subordinación sustancialmente colonial. En tales términos extremistas de manipulación interesada no cabe ni siquiera un debate entre posiciones. La Falsedad y la Ignominia va a lo que va, al dominio de los recursos por medio de la trasculturalización de indígenas, y el resto del texto, todo él entonces, no es más que cháchara, pero cháchara agresiva y peligrosa.
Sin investigación propia digna del nombre, el Proyecto de la Ignominia elaborado por la Comisión de la Falsedad copiotea narrativas de aquí y de allá, sin más novedad que la de doblegarlas a su agenda de “desarrollo sostenible” sin participación indígena en la Amazonía. A la parte indígena el Proyecto ni siquiera le reconoce el derecho a la consulta que resulta obligada por el mandato del Convenio 169. Tan sólo se habla, en sede ya de recomendaciones, de que el Estado debe esmerarse en un “diálogo intercultural” a fin de ir creando, con la ayuda de políticas transculturalizadoras, las condiciones para celebrarse consultas desde el día en que por fin se logre un “código de comunicación”, esto es, puede entenderse, cuando todos y todas las indígenas se hayan transculturalizado. ¿Y qué ocurre mientras tanto con los derechos indígenas? ¿Han de esperar hasta ese momento? Así resulta. El planteamiento no puede ser más colonial.
He aquí la conclusión que puede extraerse del inminente Informe de la Ignominia de la Comisión de la Falsedad. Los indígenas, mientras que lo sean, lo que tienen son obligaciones para con el Perú y con la humanidad. Los derechos para sí mismos son cosas de los no-indígenas y de los indígenas cuando dejen de serlo: “La libertad y la felicidad de los nativos no deben concebirse en forma individual, ni solo del grupo étnico, sino desde la perspectiva del bien común de toda la familia humana, pensando que ya no está solo en la selva, sino al lado de otros grupos que tienen sus derechos”.
Anexo:
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No tengo nada que objetar al artículo. Me parece muy bueno. Se pueden decir más cosas, pero dificilmente mejor.
Yo lo leí muy rápido y de igual manera lo comenté, pero realmente, es espeluznamente.
Me gustaría conocer el nombre de la persona que lo elaboró -no creo que sea obra de un grupo-. Ya que tiene ideas prefijadas, repetitivas hasta la saciedad. Y no dice nada de lo que tiene que decir.
Un saludo
Ah, Profesor Bartolome Clavero, sentí curiosidad por conocer quien era usted, por la calidad de su texto. Y encontré su página.
Vivo en Sevilla y realizo mi Tesis Doctoral sobre Comunidades Campesinas de los Andes Peruanos en la U. Pablo de Olavide. En el Departamento de Historia de América. Mundos Indígenas.
Estoy feliz de poder leerle.
Si no hubieran tantos muertos de por medio, ni derechos indígenas tan postergados, a uno le darían ganas de reír hasta morir por la extrema ignorancia y racismo exhibidos por los redactores de este proyecto de informe.
Ya se ve a ciertos medios de comunicación (Perú21 por ejemplo) que se refieren a este documento como alzando el dedo acusador contra los mandos policiales del “Baguazo”. Es decir, ahora tendríamos que aplaudir su contenido y tragarnos los enormes sapos de racismo y mentira que contiene.
Veinte años de atroz violencia política, sustancialmente racista como lo demostró la Comisión de Verdad y Reconciliación en sus voluminosos 08 tomos de investigación, no le enseñado nada a la clase política peruana.
Marco Huaco
Estoy de acuerdo con Marco Huaco en su comentario.
Pero racismo aparte, Peru21 que acusa a los mandos policiales con razón, pues el Coronel Muguruza estuvo celebrando su cumpleaños el día antes de la masacre y llegó tarde al operativo dejando sin cobertura a los que empezaron el ataque (aclaró en la prensa que sólo había tomado refrescos) y que fueron respondidos con contundencia por los indígenas Awajún y Wampis, sin armas de fuego.
Eso sin contar que los indígenas habían llegado a un acuerdo con la policía de despejar la carretera Fernando Belaúnde y volver a sus casas a las nueve de la mañana.
Fueron atacados a las cinco.
Un diario de Lima, El Comercio acusa en su portada a los “Misioneros de Jaén (Perú) de promover la violencia en la selva” cuando lo que hicieron fue dar apoyo humanitario a los indígenas y documentar en su página Web fotos de la masacre.
En esta dirección de Youtube pueden verlas:
http://www.youtube.com/watch?v=W_RVMYd6_y0
Pero su contenido es tan explícito que puede herir su sensibilidad.
En todas aparece la leyenda “Oficina de Comunicación del Vicariato de Jaén”, y en una de ellas se lee en el pie de foto lo siguiente:
Viernes 5 de junio,El Reposo, Bagua, Amazonas.
Coronel de la Policía insulta al Comisionado de la Defensoría del Pueblo de la ciudad de Jaén por haber ayudado a sacar a un herido.
Este es el Coronel que señalaban en Peru21.
En la página Web del Vicariato de Jaén pueden si lo desean comprobar hasta donde llegó la masacre con fotos y videos, incluído el comentario del Obispo Monseñor Santiago.
http://www.vicariatodejaen.org/paroindigena.htm
Cuando estaba redactando este comentario me llegó desde Estados Unidos un email de un video blogger peruano, Carlos Quiroz, del que copio un párrafo.
“Una comisión de Lima intentea decidir por los indígenas amazónicos de Bagua. Pero tienen que ser un abogado y una religiosa españoles, los que defiendan a los nativos peruanos. Pregunto dónde se fueron la dignidad y decencia entre los miembros del gobierno peruano.”
Les incluyo el enlace al video de la religiosa Mari Carmen Gómez Calleja que se ha negado a firmar el Informe Preliminar de la Comisión:
http://tinyurl.com/y898ro5
Amazonas Indígena.
No he comentado la imputación de responsabilidades por omisión al general de la Policía Nacional Luis Muguruza, primero, porque mi información tampoco va más allá de la de Peru21 del día 12 con base en la filtración del borrador del informe; segundo, porque me parece una cortina de humo lanzada por la Comisión. Las responsabilidades principales no son de omisión, sino de comisión. Según la presentación de los hechos por la Comisión, parecería que Bagua fuera el producto de una sucesión de errores y malentendidos una vez que el general Muguruza no estuvo, como debiera, en el puesto de mando la madrugada del día 5. Puede ser que no lo estuviera por saber lo que se iba a provocar. La reacción inmediata de la Presidencia de la República tras la masacre, intentando capitalizarla, hace sospechar que no fue inesperada. Si ese mismo día podía haberse desbloqueado pacíficamente la situación, ¿por qué se actuó por la policía de forma provocativa desencadenando la masacre? Medios de la Comisión han reconocido que no han contado con la colaboración ni del ejército ni de la fiscalía. A la Presidencia de la República ni han soñado con investigarla. En estas condiciones y una vez que no se pueden ignorar las responsabilidades de las fuerzas policiales y de sus mandos últimos, lo que no excluye en absoluto a la Presidencia de la República, ¿cómo puede la Comisión pretender que la culpa se concentra, por ausencia, en el general Muguruza? No digo que, por lo que se sabe, no pudiera resultar culpable ni mucho menos (esto tendría que determinarlo la justicia), sino que convertirlo en el chivo expiatorio es convertirse en cómplice por encubrimiento. El propio Jesús Manacés, el presidente de la Comisión, ha declarado ante la filtración: “Yo no voy a firmar ese borrador” porque “tengo mi propia opinión”. Ese es el problema. En la Comisión están discutiéndose opiniones personales y no verificándose los hechos y sus causas. Ni han investigado ni les han dejado investigar. Así es como una Comisión de la verdad se convierte en una Comisión de la falsedad.
Recomiendo la última reflexión de Jorge Agurto en SERVINDI sobre los trabajos de la Comisión de investigación sobre Bagua:
http://www.servindi.org/actualidad/20357
En el debate del Congreso del día 15 de diciembre sobre el informe de la Comisión Multipartidaria encargada de estudiar y recomendar la solución a la problemática de los pueblos indígenas, “Consulta Previa, Derecho Fundamental de los Pueblos Indígenas e Instrumento de Gestión Estatal para el fortalecimiento de la Democracia”, un diputado fujimorista, abogado por más señas, tiene una intervención realmente provocadora advirtiendo que, si se aprueba ahora un documento que propugna la puesta en práctica del derecho indígena a la consulta, se le están bridando argumentos a la defensa de los indígenas sometidos a procesos judiciales por los sucesos de Bagua. Lo extraordinario del caso es que a continuación un miembro de la Comisión de Investigación de los Sucesos de Bagua, el congresista Luis Falla Lamadrid, respalda tan increible intervención, increible pues defiende el atropello de no poner en práctica el Convenio 169 por no beneficiar a quienes se han alzado en defensa del derecho. De estos mimbres se compone el cesto del borrador de informe de la Comisión sobre Bagua.
Buscan librar del baguazo a la Ministra del Interior Mercedes Cabanillas y a los generales del operativo.
Denuncia del abogado defensor de los familiares de los policías muertos.
Secretamente Justicia Militar abrió proceso paralelo con el fin de absolverlos y truncar juicio en tribunal ordinario.
http://www.diariolaprimeraperu.com/online/noticia.php?IDnoticia=53219
La noticia que Amazonas Indígena transmite parece que efectivamente versa sobre una maniobra militar contra la justicia. Puede ser un efecto de la filtración del borrador del informe de la Comisión sobre Bagua que, buscando un chivo expiatorio, apuntaba a omisiones del mando militar, como si nadie hubiera dado la orden de disparar con fuego real. Ahora, a estas alturas, la justicia militar abre actuaciones para impedir que la justicia ordinaria actúe. La noticia también se encuentra en Perú21:
http://peru21.pe/noticia/385080/fuero-militar-se-adelanto-al-civil-casobaguazo